Candidiasis vaginal

La candidiasis vaginal es la causa más frecuente de vaginitis en Europa.

Este tipo de vulvovaginitis no es considerada una enfermedad de transmisión sexual.

En el 80-92% de los casos, la candidiasis vaginal está originada por Cándida albicans, y aunque este patógeno se identifique en un cultivo, en ausencia de síntomas no hay indicación para iniciar tratamiento; ya que puede formar parte de la flora vaginal normal sin dar lugar a patología.

Factores de riesgo

Los factores que predisponen para la aparición de esta infección vaginal, además de los citados anteriormente (que influyen en las VV en general), incluyen embarazo, diabetes mellitus, ropas ajustadas o de tejidos sintéticos, duchas vaginales, ferropenia, inmunosupresión, etc.

Clínica

La clínica se caracteriza por prurito y escozor vulvovaginal, sensación de quemazón, dispareunia, disuria.

Las paredes vaginales aparecen eritematosas y la vulva edematosa y eritematosa.

Candidiasis
Figura: Candidiasis

No siempre aparece alteración de la secreción vaginal, y si la hay, su apariencia suele variar, o bien líquida, o bien blanquecina espesa, adherente, con grumos similares al yogur.

Entre el 10 y el 50% de las mujeres en edad reproductiva son portadoras asintomáticas.

Diagnóstico

El diagnóstico se puede realizar teniendo en cuenta la clínica y la anamnesis con antecedentes personales de cuadros previos.

El método más sensible es el cultivo del exudado vaginal que se puede tomar en la consulta ginecológica, demorándose el resultado unos días.

El frotis en fresco permite visualizar la especie cándida en un 40-50% de las pacientes sintomáticas, siendo más claro con unas gotas de KOH.

El test de aminas es negativo y el pH es ácido (aproximadamente 3).

La observación microscópica es un posible método diagnóstico para la cándida.

La citología no es un método diagnóstico pero puede identificar a portadoras sanas.

Tratamiento

El tratamiento se debe reservar solo para las pacientes sintomáticas o en casos de vaginitis candidiásica de repetición (4 o más episodios al año).

No está clara cuál es la vía de elección, si la intravaginal o la oral.

Aparentemente el tratamiento intravaginal puede alterar el ecosistema vaginal por el ácido láctico que lleva como vehículo, que provoca el crecimiento de la cándida; mientras que el tratamiento oral ataca la cándida sin alterar las condiciones de la vagina.

Las pautas pueden ser las siguientes:

a. Tratamiento tópico intravaginal:

  • Clotrimazol en comprimido vaginal en monodosis de 500 mg o 200 mg / 24 horas durante 3 días.
  • Miconazol en óvulos de 1200 mg en monodosis, o 400 mg / 24 horas durante 3 días.
  • Tioconazol 6,5% en ungüento 5 gr monodosis u otros preparados de azoles intravaginales en pauta de 1 a 3 días.

b. Tratamiento oral:

  • Fluconazol 150 mg monodosis en ayunas.
  • Itraconazol 200 mg / 24 horas durante 3 días.

Estos tratamientos están destinados a la vagina y se debería tratar también la vulva si ésta se ve afectada tanto de forma exclusiva como de forma simultánea con la vagina, que es lo más habitual.

Se recomienda lavado y secado de la zona vulvar y periné y aplicación posterior de azoles tópicos en crema 2-3 veces al día durante 10-14 días, junto con las pautas descritas.

De esta forma se incrementa la eficacia del tratamiento de los episodios sintomáticos y disminuye el número de recurrencias.

No es necesario tratar a la pareja sexual si está asintomática, salvo en los casos de vaginitis de repetición.

Si la pareja precisa tratamiento, se deben emplear antifúngicos tópicos.

Se debe advertir que las preparaciones intravaginales pueden dañar el preservativo y el diafragma.

En embarazadas la presencia de candidiasis vaginal es frecuente, sobre todo en la segunda mitad del mismo.

Se puede realizar tratamiento tópico con cremas y/o intravaginales, con las mismas pautas; quedando totalmente contraindicado la pauta de tratamiento oral.

Para prevenir posibles infecciones por cándida debemos informar a la mujer de la importancia de evitar jabones irritantes o sustancias que alteren el pH vaginal y de la utilización de ropa íntima de algodón, ya que los tejidos sintéticos dificultan la transpiración.

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